sábado, 21 de abril de 2018

"El Viajero" de Bruno Catalano en las calles de Marsella

yarquitectura.com
 
”Una maleta, un hombre. Él la agarra y se lanza hacia lo desconocido. Un viaje voluntario a un horizonte que abraza y se antoja infinito, o un viaje forzado, forzado por el exilio y el sufrimiento, a la búsqueda de la libertad y guiado por la supervivencia. 

‘El viajero’ de Bruno Catalano es ese hombre abandonado a sí mismo, un hombre impulsado hacia la infinitud del tiempo y el espacio. Su casa no es más que una maleta y su ser, progresivamente, va poco a poco despojándose de todo lo que creía necesario, de todo su ‘yo’ tan hábilmente construido por nuestras sociedades. Ya no es ‘el hombre de un mundo’ sino ‘el hombre en el mundo’, aún con su bagaje cultural pero que se ha vuelto frágil ante la inmensidad. Su aventura no estará exenta de daño.

Un hombre desfragmentado, desestabilizado, despojado de sus señas de identidad, que camina hacia su salvación y su pérdida, a un mismo tiempo. Ahora tendrá que reinventarse. Este viajero escapa de sí mismo, para encontrarse con su tierra desconocida" 

Eso sí, “viajar” (literal y metafóricamente) enriquece y fortalece, la vida humana no está hecha para el sedentarismo (tenemos piernas y cerebros), no somos árboles, así que si toca explorar nuevos horizontes, lo haremos encantados

domingo, 15 de abril de 2018

La Cumbre de las Américas sentencia el final de la era bolivariana en la región


cumbre america abril 2018

elpais.com
Las cumbres regionales son una fotografía del momento político. La de las Américas ayer en Lima plasmó definitivamente el giro de la región hacia la ortodoxia económica, el final de la llamada era bolivariana, en la que los presidentes de izquierda muy críticos con EEUU protagonizaban estas citas. Vetado el venezolano Nicolás Maduro, la enorme mayoría de los líderes fueron durísimos con él y anunciaron que no reconocerán las elecciones de mayo. Evo Morales, el gran resistente, se quedó solo con el canciller cubano, Bruno Rodríguez, en el apoyo cerrado a Maduro y las críticas al “imperialismo” de EEUU.
La ausencia a última hora de Donald Trump y Raúl Castro eliminó la posibilidad de un cruce directo al máximo nivel entre los dos mundos antagónicos que conviven a pocos kilómetros en América. Pero ese combate ideológico, marcado por el acercamiento o rechazo total a EEUU, quedó muy patente en la Cumbre de las Américas, a la que sí acudieron casi todos los demás presidentes. Uno tras otro, los presidentes de países hasta hace poco cercanos al eje bolivariano como Argentina o Brasil, y otros donde también ha habido un giro político aunque no tan radical, como Chile o Ecuador, mostraron el cambio total que está viviendo la región.
“Tenemos que redoblar esfuerzos para que el Gobierno de Venezuela acepte ayuda internacional en esta crisis humanitaria. Estamos hablando de corrupción y en Venezuela vemos adonde lleva un proceso de corrupción descontrolado. No hay democracia, hay presos políticos. Argentina va a desconocer cualquier elección que surja de un proceso de este tipo, eso no es una elección democrática”, clamó el argentino Mauricio Macri. “Hemos acogido a decenas de miles de venezolanos, intentamos mandar remedios y alimentos y esa ayuda fue negada por el Gobierno venezolano. No hay espacio en nuestra región para alternativas a la democracia”, remató el brasileño Michel Temer.
“En Venezuela no hay democracia, hay presos políticos, las elecciones con partidos proscritos no son legítimas. Ayudemos al pueblo venezolano a recuperar la libertad”, insistió el chileno Sebastián Piñera. “Trabajamos para devolver la democracia a Venezuela, es inaceptable. Cualquiera que sea amigo de Venezuela debe pensar primero en el pueblo venezolano”, dijo el canadiense Justin Trudeau.
Los países grandes que ya estaban controlados por el centro derecha, como México o Colombia, remataron esa sensación de minoría en la que quedaba el boliviano Evo Morales. “Somos generosos con el pueblo venezolano pero seremos implacables con el régimen que tanto daño está haciendo. No reconoceremos los resultados de unas elecciones diseñadas para maquillar una dictadura. Es increíble que Maduro siga negando todo mientras el mundo ve como el pueblo venezolano se muere de hambre. El 15% de la población ha migrado, sobre todo a Colombia”, clamó el colombiano Juan Manuel Santos. “México apoya la decisión de no invitar a Venezuela a esta cumbre”, insistió Enrique Peña Nieto.
Frente a esa oleada de golpes a Venezuela y países que se alinean con la posición de EEUU, cuyo vicepresidente, Mike Pence, llegó a Lima con la intención de reforzar el grupo que mantiene la presión internacional contra Maduro, le llegó el turno a Morales que, pese a su soledad, mantuvo con firmeza sus posiciones clásicas que hace pocos años estaban cerca de tener la mayoría en estas citas. La cumbre estaba centrada en lucha contra la corrupción, y mientras todos los presidentes, incluidos algunos que como Temer está rodeado de escándalos que le afectan personalmente, prometían luchar contra ella, Morales les exigió que combatan el sistema capitalista, que en su opinión es el verdadero origen de esa corrupción.
“Si no eliminamos los paraísos fiscales, sin controles a las empresas transnacionales, si no se modifica el sistema financiero que promueve la acumulación de la riqueza, en tanto no suprimamos el secreto bancario, nada servirá. El capitalismo es el peor enemigo de la humanidad y del planeta. Antes utilizaban el pretexto de la lucha contra el comunismo, hoy pretenden usar la lucha contra la corrupción para derrocar gobiernos democráticos. Respeto al hermano Lula, no puede encarcelar la conciencia de un pueblo”, clamó para golpear después a EEUU, presente en la sala.
“La principal amenaza contra la paz y el multilateralismo es el Gobierno de los EEUU. Da la espalda al acuerdo de París, construye muros, gasta cientos de millones de dólares en seguir construyendo armas de destrucción masiva. Bolivia condena las amenazas de EEUU de invasión de Venezuela. Lamentamos que Maduro no esté aquí por presiones de EEUU”, remató Morales. Solo encontró respaldo en el canciller cubano. Incluso Ecuador, antes alineado con Maduro, mantuvo una posición intermedia aunque lamentó la ausencia del venezolano: “Exhortamos al gobierno venezolano a buscar soluciones integrales en el marco de la democracia. Animamos a las partes al diálogo”, sentenció su canciller, María Fernanda Espinosa, que aprovechó la cumbre para golpear al anterior presidente, Rafael Correa: “Lamentablemente con él la corrupción campeaba en todos sus sectores”. Una muestra más de que las cosas han cambiado mucho en Latinoamérica en muy poco tiempo.
Para concluir este ambiente de máxima presión al que fuera el país clave del eje bolivariano, 15 países, esto es todos los de la declaración de Lima más EEUU, firmaron un comunicado en el que apuntan que no reconocerán las elecciones venezolanas de mayo si no se hacen "con las garantías necesarias para un proceso libre, justo, transparente y democrático". Estos 15 están lejos de los 23 que son necesarios para activar la carta democrática en la OEA, porque la cumbre también demostró que todos los pequeños países de las antillas, muy dependientes de Venezuela, mantienen la lealtad a Maduro, pero en estos 15 están todos los grandes de la región y los más influyentes.
Al final de la cumbre se vivió un cruce muy fuerte entre el vicepresidente de EEUU, Michael Pence, y el canciller cubano. Pence fue rotundo en su intervención, que en teoría cerraba la cumbre: "La mayor corrupción se da cuando la gente pierde su voz a manos de los dictadores. Mientras hablamos, un régimen comunista oprime a su pueblo en Cuba con Castro. Seguiremos apoyanos a los cubanos que piden por su libertad. Cuba exportó su ideología fallida, ayudando a la dictadura corrupta de Venezuela. Maduro prometió prosperidad y los llevó a la pobreza. Venezuela está en el caos. 9 de cada 10 venezolanos viven en la pobreza. Es el mayor éxodo de nuestra histórica. Es un estado fallido".
El canciller cubano pidió la palabra para contestar con mayor dureza aún: "No es nada democrático atacar a Venezuela cuando no está aquí para responderle. EEUU no es una referencia moral para América Latina. En los últimos 100 años, todos los gobiernos despóticos en la región han sido impuestos o apoyados por EEUU, incluidas las más crueles dictaduras militares. La Operación Cóndor y el golpe en Chile están sobre la conciencia de EEUU. El país de Pence ha sido el único en usar un arma nuclear contra civiles inocentes. Es responsables de masacres de civiles, niños mujers y ancianos, a los que llaman daños colaterales. Es el autor de violaciones masivas de los derechos humanos de sus propios ciudadanos afroamericanos. Es una vergüenza para la humanidad que en ese país de extrema riqueza haya millones de pobres. Tienen un patrón diferencia racial en las cárceles. El sustema electoral que lo ha elegido es corrupto por naturaleza porque está sustentado en las contribuciones corporativas. Promueve un proteccionismo feroz. Ha impuesto la idea de que el cambio climático es un invento. Si le interesara la libertad de los cubanos levantaría el bloqueo. Ha usado el mismo lenguaje que llevó a la invasión de Bahía de Cochinos". Por un momento la cumbre parecía volver a los años de la Guerra Fría. Y eso que no estaban ni Trump ni Castro.

Cuatro choques externos que transformarán América Latina


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elpais.com
"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.
Este es la primera frase de Cien años de soledad, la novela de Gabriel García Márquez que narra la vida de los pocos pero fascinantes habitantes de Macondo, un imaginario pueblo perdido en las selvas de Colombia. Cada cierto tiempo, a Macondo lo sacude lo que los economistas, politólogos y sociólogos de hoy llaman un “choque externo”. Es un invento foráneo que trastoca la economía, las relaciones de poder, los hábitos y costumbres, en fin, la vida del pueblo. Así, además del hielo, a Macondo lo sacudieron la llegada de los imanes, de la pianola, de ideas políticas en conflicto que dispararon una larga y sangrienta guerra civil, o la bananera, una empresa multinacional más poderosa que todos los Gobiernos y todos los ejércitos. La novela es, por supuesto, mucho más que el relato de los “choques externos” que le cambian la vida a la gente del pueblo. Pero las convulsiones de Macondo ofrecen una excelente metáfora para discutir las sacudidas que le vienen a América Latina.
Esta ha sido siempre la región con las economías más volátiles del mundo. Periódicamente, una etapa de expansión y prosperidad es súbitamente reemplazada por otra de estancamiento y miseria.
Estos ciclos de auge y caída suelen estar determinados por los precios internacionales de las materias primas que exporta la región, y por la disponibilidad de préstamos e inversiones que vienen de afuera. Cuando los precios del petróleo, cobre, café, soja, etcétera, suben en el mercado mundial, América Latina prospera. Cuando caen, se empobrece. Cuando los bancos y empresas extranjeras invierten y abren el crédito, las economías latinoamericanas mejoran. Pero cuando los préstamos e inversiones foráneas cesan (y con frecuencia eso sucede al mismo tiempo que bajan los precios de las exportaciones) viene la debacle: devaluación, inflación, desempleo, suspensión de programas sociales y quiebras de bancos y empresas. Naturalmente, los Gobiernos latinoamericanos también son responsables por no hacer que sus economías sean menos vulnerables a las oscilaciones internacionales. Pero es justo reconocer que no es fácil neutralizar el impacto de un masivo choque económico externo.

Los nuevos choques externos

En los próximos años, a las sacudidas económicas que periódicamente agitan América Latina se le van añadir otras. El cambio climático, la revolución digital, una nueva intolerancia a ciertos problemas sociales o la revolucionada política mundial serán las fuentes de estos potentes e inéditos choques externos.
El cambio climático
Ninguna región escapará a sus efectos. Pero según la Organización de Naciones Unidas, América Latina es una de las más vulnerables a los accidentes climáticos que seguirán aumentando en frecuencia, fuerza, fatalidades y costos. Las razones de esta alta vulnerabilidad van de la geografía al clima, de las condiciones socioeconómicas a la demografía. Es la zona más urbanizada del planeta: el 80% de sus habitantes viven en ciudades, la gran mayoría de ellos son pobres y sus viviendas, muy precarias. La corrupción también agudiza la fragilidad de la región ante el cambio climático. Es frecuente, por ejemplo, que funcionarios venales autoricen construcciones en lugares inadecuados o que hagan la vista gorda con las violaciones de normas urbanísticas a cambio de sobornos.
El cambio climático traerá los choques externos más transformadores que ha vivido América Latina. Cambiarán dónde y de qué viven los latinoamericanos, lo que producen y lo que gastan. O a qué conflictos domésticos e internacionales tendrán que enfrentarse.
La revolución digital
Inteligencia artificial, big data, robótica, blockchain, computación cuántica y redes neuronales son solo algunos de los campos en los que se dan las revoluciones tecnológicas que van a cambiar el mundo. Es fácil intuir que se nos avecinan enormes transformaciones. Pero lo que más nos sorprenderá es la rapidez con la que se harán notar sus efectos.
La posibilidades que abren estas nuevas tecnologías son maravillosas. Pero también son enormes los problemas que plantean. Un importante efecto indeseable de la revolución digital es que puede destruir muchos puestos de trabajo existentes, antes de crear otros nuevos. Eso también va a pasar en todas partes. Pero en América Latina el impacto sobre el mercado laboral será más fuerte. Según la ONU, en las próximas décadas dos de cada tres empleos formales en Latinoamérica serán automatizados. El choque externo producido por la revolución digital puede ser tan determinante como el del cambio climático
Nueva intolerancia a viejos males
La desigualdad económica y la corrupción son dos plagas perennes en Latinoamérica. A pesar de que su erradicación ha sido siempre la promesa de populistas y revolucionarios, en la práctica las sociedades las aceptaban como realidades inevitables. Recientemente, esto ha comenzado a cambiar. La coexistencia pacífica de los latinoamericanos con la corrupción y la desigualdad se está acabando. Entre otras razones, el aumento de la desigualdad en Estados Unidos y Europa ha creado un intenso debate mundial que ha reactivado esa discusión en América Latina. Lo mismo sucede con la corrupción. Las fechorías de los corruptos, que siempre han existido, ahora se han hecho más visibles e inaceptables. Las nuevas clases medias, más numerosas, educadas, informadas y conectadas, se han activado y están hartas de los desmanes y de la impunidad. Guatemala, Brasil y Perú se han unido a la lista de países como Corea del Sur, Ucrania, Arabia Saudí y China, donde las acusaciones de corrupción han llevado a la cárcel a políticos y empresarios antes intocables.
Si bien estas acciones son locales, en muchos casos los estímulos que prenden la mecha vienen de afuera. El escándalo de la empresa Odebrecht, por ejemplo, es brasileño pero ha resultado en un choque externo que ha convulsionado la política de muchos países de América Latina. La inestabilidad producida por la lucha de la gente contra la corrupción y la desigualdad va a seguir.
La política
A finales del siglo XIX, un periodo tan caótico como el actual, el pensador italiano Antonio Gramsci escribió: “El viejo mundo se está muriendo. El nuevo tarda en llegar. En ese claroscuro se ceban los monstruos”. Esta frase capta muy bien lo que está sucediendo hoy en el mundo. Es natural que estos nuevos monstruos foráneos también hagan de las suyas en América Latina. Para eso no solo se aprovecharán de las oportunidades que les ofrecen las nuevas relaciones de poder dentro y fuera de la región, sino también de las nuevas tecnologías. Internet está siendo utilizado para polarizar, destruir reputaciones e influir en procesos electorales. El impacto en sociedades aprensivas, que ya están crispadas y confundidas, puede ser enorme. Los protagonistas de siempre pierden influencia y son reemplazados por recién llegados que alteran la agenda y actúan de manera imprevisible. Nuevos caudillos mundiales, como Xi Jinping o Vladímir Putin, mueven fronteras y cambian reglas. Donald Trump desestabiliza a su país y al mundo. ¿A quién creer? ¿Qué es verdad? ¿En quién confiar?
La política es siempre muy local, pero ahora lo local se mezcla con lo global casi instantáneamente, creando contundentes choques políticos externos. Si la principal cadena de transmisión de este tipo de choques externos son las redes sociales, entonces América Latina es, de nuevo, la región más vulnerable. Según un estudio de ComScore, los latinoamericanos pasan en las redes sociales el 29% del tiempo que están en Internet. En ninguna otra parte el tiempo en redes sociales es tan alto. En EE UU es el 14%, y en Asia el 8%, por ejemplo.

Las buenas noticias

Los choques externos que impactarán a Latinoamérica tendrán altos costos, pero también abrirán oportunidades inéditas. Y los latinoamericanos son expertos en sobrevivir a la volatilidad. Llevan décadas, sino siglos, adaptándose, esquivando, improvisando y manejando los efectos de los choques externos. Las empresas latinoamericanas de hoy son ágiles y eficaces sobrevivientes de los periódicos revolcones que súbitamente cambian las reglas del juego.
Además, estos cuatro choques externos también tienen aspectos positivos. La nueva intolerancia con la desigualdad y la corrupción es una buena noticia. El cambio climático trae catástrofes, pero también cambios en los ciclos agrícolas que pueden aumentar la productividad y el rendimiento de las cosechas. Habrá una inmensa demanda de nuevas industrias especializadas en la adaptación a los cambios del clima o la mitigación de sus riesgos.
Lo mismo vale para la revolución digital. Las nuevas tecnologías seguramente crearán nuevos mercados y reducirán las barreras que tanto inhiben la competencia en el sector privado. Y si bien la polarización y la crispación política de la sociedades crea las peligrosas convulsiones políticas de las que se aprovechan los populistas, también es cierto que puede estar abriendo espacios para nuevos líderes democráticos que traigan otras propuestas.
Los choques externos son una amenaza creciente para América Latina. Pero no tanto como las amenazas que constituyen la complacencia y la falta de previsión.
El más de lo mismo ya no va a funcionar. Quienes antes rompan con el conformismo y salgan de su zona de comodidad tendrán más oportunidades de evitar que los choques externos los arrollen.