sábado, 21 de julio de 2018

El repartidor de Glovo que duerme en la calle: "No tengo dinero ni para una bicicleta"


elconfidencial.com

El pasado martes 10 de julio a las 9:12 de la mañana, un repartidor de "Glovo" paseaba por Barcelona cuando vio a otro durmiendo en el suelo y lo fotografió. Estaba acostado junto a un bloque de viviendas, en un cruce de calles cerca del barrio de Gracia. "Dormiría ahí porque está resguardado", cuenta. Ese mismo día a las tres el repartidor volvió a pasar por el cruce, pero ni su compañero, ni las mantas, ni las bolsas de reparto que portaba estaban ya. "Limpiaron entera la zona", explica.

La imagen pasó a un grupo de Telegram con cuatro repartidores más. Aunque ninguno lo reconocía, "estamos convencidos de que es un mensajero", continúa el repartidor que la tomó. "Podría ser alguien sin techo que ha hecho un pedido, pero es de extrañar porque tiene la mochila de Glovo. O un chatarrero que llevara una caja vieja, que a veces los vemos, pero es que tiene las dos: la de Glovo y Uber Eats. Reconocemos a los mensajeros nuevos por su mochila. Y esa está muy nueva".

En la fotografía aparece un pedido de McDonald's hecho a través de Glovo, porque lleva tanto la bolsa marrón del restaurante como la amarilla que proporciona la 'app'. Los repartidores consideran que es un reparto no entregado y que su compañero se lo comió. "Este chico habrá trabajado de madrugada, cuando los clientes se emborrachan y se quedan dormidos", dice. "Así que cuando vas a entregar, no están". Respecto a la ausencia de vehículo —no había ni moto ni bicicleta junto a él— cree que estaría en un parking cercano. "Tendría la bici candada. Si duerme con ella al lado, al día siguiente no la tiene".

Nueve días después, el 19 de julio, el mismo repartidor pasó por la misma zona a la misma hora y vio al joven otra vez. Dormía con una chica entre cartones y tenía al lado la mochila de Glovo. Habló con él, le ofreció ayuda y confirmó que trabaja como mensajero en la empresa.

Isaac es español, tiene 24 años y ha vivido siempre en Cataluña. Hasta hace dos años residía con sus padres en Dosrius, un pueblo entre Granollers y Mataró, pero los desahuciaron. "Estaban pagando la casa y se la quitaron", dice por teléfono a este diario. Sus padres se separaron, su madre se fue a Ibiza y su padre con otra mujer. Isaac no se lleva bien con ella, así que empezó a vivir en la calle. Ha pedido ayuda a los servicios sociales de Barcelona y de Mataró, pero "no han querido dármela. He ido a todos los sitios. Y como estoy empadronado en Sevilla por un tema personal, a nadie le da la gana empadronarme y nadie ha querido ayudarme".

Hasta hace una semana, Isaac trabajaba ayudando a su padre, que es electricista. "Estaba aprendiendo. Pero se rompió el talón de Aquiles y, además, estaba reñido con él", explica. Entonces se apuntó a Glovo: se dio de alta como autónomo, presentó los papeles que le pidieron y comenzó a repartir. "Entré para salir de esta situación. Me tienen que pagar 180 euros la semana que viene. No sé si me pagarán más. Necesito dinero de lo que sea y Glovo era la opción más fácil, aunque también estoy hablando con UberEats". La mochila de UberEats que aparece en la imagen es de su pareja: una joven de 29 años que también vive en Barcelona y duerme en la calle. Repartió durante un tiempo para ellos y mantiene la mochila. Como ya no lo hace, comparte la cuenta de mensajero de Glovo con él.

"Ahora estamos mirando habitación, a ver si encontramos algo. En Barcelona las hemos visto por 300 o 400, que dices: madre mía. Necesitamos una más barata. Aunque la encontremos fuera, seguiremos viniendo a trabajar a Barcelona".
¿Cuánto gana un repartidor?

Glovo comunicó esta semana que ha recaudado más inversión: 115 millones de euros, que se suman a los 37 que ya tenía. Entre sus inversores están el fondo japonés Rakuten y el francés Cathay (ambos inversores en Cabify), el dueño de La Tagliatella y el fondo español Seaya Ventures, dirigido por Beatriz González. Hasta la fecha, han invertido y participado en el crecimiento de la empresa dos de los fundadores de Tuenti (Bernardo González y Zaryn Dentzel), los fundadores de Wallapop (Miguel Vicente y Gerard Olivé) y el antiguo vicepresidente de Uber, Niall Wass, que ahora preside el consejo de administración de Glovo. Su fundador es Óscar Pierre, un barcelonés de 25 años hijo y nieto de reconocidos empresarios catalanes.

Glovo ha anunciado que con ese dinero contratará a más de cien ingenieros en sus oficinas de Barcelona para acelerar su expansión. Al mismo tiempo, sus repartidores cobran poco más de tres euros por pedido y deben pagar su propia seguridad social. La mayoría recurren a este trabajo —físico y mal pagado— porque no les queda otra. "La idea es fantástica, pero no se puede tener a los trabajadores así. Hay personas de más de 65 años con bicicleta", dice el repartidor que fotografió a Isaac. "Y en la empresa lo saben de sobra. Pero hacemos esto porque necesitamos ganar un dinero. Si no, no estaríamos así".

Glovo nació en Barcelona hace cuatro años y opera en 38 ciudades españolas. Al principio pagaba 3,75 € por pedido a los repartidores y cobraba 4,5 € al consumidor. Dos años más tarde, cambió su sistema: rebajó el precio al usuario y pasó a pagar 2,80 € por pedido, con variable por distancia y mejor valoración si trabajas en horas de alta demanda (noches de fin de semana y días de partido).

De lo que ingresan mensualmente, los repartidores deben descontar la cuota de autónomos, el mantenimiento del vehículo y el seguro, por el que Glovo les cobra cuatro euros al mes. La inspección de trabajo de Zaragoza dictó recientemente que 326 de sus repartidores son falsos autónomos. Y hay más denuncias abiertas, tanto de repartidores (a los que Glovo viene callando con dinero) como de sindicatos: la Intersindical Alternativa de Catalunya interpuso una la semana pasada por el mismo motivo.

UberEats volvió a Barcelona el pasado 5 de abril y no tiene demasiado volumen, como en Madrid. La empresa paga 0,80 € por recogida, 1,20 € por entrega y 1,08 € por kilómetro recorrido: una media de entre 4 y 6 euros por pedido. Su director general, Manel Pujol, tiene 30 años, trabaja en Uber desde 2014 y ha declarado que "si [UberEats] tuviera que contratar a los repartidores, no existiría".

Preguntados por este diario, en Glovo no accedieron a ver la fotografía de Isaac para corroborar si trabajaba en su empresa. Apuntaron que "reciclamos todas nuestras bolsas en el punto de reciclaje. Lo más seguro es que esa persona haya obtenido la mochila de un 'container'". Cuando les confirmamos que sí repartía con ellos, la solicitaron para "ponerse en contacto con él y conocer más acerca de su situación. Los repartidores que colaboran con Glovo son personas autónomas de las que Glovo no tiene pleno conocimiento de sus circunstancias personales". En UberEats indican que "por Ley de Protección de Datos no podemos dar información relativa a los usuarios de la aplicación, ya sean conductores, repartidores o pasajeros/eaters".
El bucle de la precariedad

Con los precios citados —pongamos una media de 5 euros por pedido y dos pedidos la hora— un repartidor que trabajara cuarenta horas a la semana ingresaría 1.600 euros al mes. El problema es que en Uber no hay tanto trabajo y que para llegar a esas horas en Glovo hay que tener una buena puntuación como repartidor, así que los nuevos tardan meses en alcanzar tal estatus. Si eres recién llegado, apenas tendrás 'slots' (franjas) de trabajo.

Por sus dos primeras semanas en Glovo, Isaac y su pareja cobrarán 180 euros. "Las horas las fijo yo", cuenta. "Hace dos días trabajé desde las 2 hasta las 5 de la mañana. Según el día".

Si mantienen este ritmo de trabajo, su ingreso a final de mes será de 360 euros, a los que tendrán que descontar los 50 euros de autónomos. La cuota está bonificada para nuevos autónomos (el Gobierno lo llama 'tarifa plana') y es de 50 euros mensuales durante el primer año, pero asciende progresivamente hasta los 280 euros a partir del segundo. Por esta razón, algunos repartidores antiguos de Glovo están dejando de pagarla y pidiendo un aplazamiento a la Seguridad Social. "Recibimos emails de la tesorería. Supongo que no son gilipollas y sabrán a ciencia cierta que no damos. Si eres veterano, son casi 300 euros de cuota. Y a duras penas ganas mil euros trabajando como un animal", apunta un repartidor de Madrid. "Para no acabar en situación límite, prescindí".

Consigan horas en Glovo y UberEats o no, Isaac y su pareja tampoco podrán repartir demasiado porque lo hacen a pie. "No tenemos dinero para comprar una bicicleta, así que de momento vamos andando. A veces mi hermano nos deja la suya, pero no siempre". Si finalmente Glovo se pone en contacto con ellos para interesarse por su caso y ayudar, Isaac tiene bastante claro qué les pedirá. "Eso. Dos bicicletas", zanja.